La temperatura media anual de la isla de Mallorca es de 20 ºC, con una humedad relativa en torno al 70 %. Si se pudiera almacenar la energía térmica de una manera sencilla en los momentos de energía incidente sobrante para utilizarla cuando se necesita, estaría asegurado el confort interior del edificio.
Dado que sólo disponemos de sistemas pasivos de acumulación de energía térmica limitados, sólo podemos compensar las variaciones térmicas dentro del plazo de una semana, aproximadamente. Calculando las masas de amortiguamiento térmico, se puede hacer casi constante la temperatura interior frente a las oscilaciones diarias e incluso semanales.
Las estaciones importantes en el clima mediterraneo son el verano y el invierno, que requieren soluciones arquitectónicas radicalmente diferentes. Normalmente diseñamos para estas dos situaciones límite, dado que durante la primavera y el otoño el clima exterior es de confort y por tanto no es necesario cambiar ni la temperatura ni la humedad.
En general, en clima mediterráneo encontramos demasiado calor para el confort durante 2 meses, julio y agosto, es decir el 17% del año, demasiado frío durante 7 meses, de noviembre a mayo, el 58% del año. El resto del año, 25% de los meses, es confortable de forma natural. Por tanto, debemos actuar para captar calor durante la época fría y pa liberar calor durante el periodo caluroso.
Captar el sol cuando hace demasiado frío para el confort: situar el edificio en una ladera orientada al sur, más o menos 45 grados, es óptimo.
Asegurar que el sol de invierno calienta directamente y sin obstrucciones el edificio, usando el efecto invernadero a través de cristales transparentes. La energía térmica se acumula normalmente en suelos, muros y techos.
La fachada sur vidriada es la única que asegura suficiente captación de calor del sol. Un edificio alargado con la fachada vidriada orientada al sur es óptimo.
Prever espacios semiexteriores como patios protegidos del viento frío es muy interesante. La vegetación puede ayudar mucho, pero requiere mantenimiento.
Reducir las pérdidas de calor, previendo un aislamiento térmico suficiente.
Evitar construir en laderas orientadas al norte y en el fondo de valles o depresiones, ya que son zonas poco soleadas y están muy expuestas al aire frío.
Los muros gruesos estabilizan la temperatura interior: son útiles sobre todo en verano, cuando las oscilaciones térmicas son mayores, pero también ayudan a amortiguar las diferencias térmicas de los días soleados de invierno.
Evitar construir en las laderas orientadas al este u oeste, donde el sol incide horizontalmente sobre las ventanas y dificulta mucho su control. Las ventanas orientadas al este y oeste deberían ser pequeñas, para proteger el edificio del calor y del deslumbramiento.
Proteger del sol cuando hace demasiado calor. Las ventanas orientadas al sur deben estar protegidas con aleros o elementos de protección solar de verano, impidiendo que el sol toque los vidrios.
Aprovechar el viento para favorecer la ventilación y refrigeración natural. Los parasoles de lamas protegen del sol y permiten la ventilación natural. La apertura de espacios altos favorece la circulación de aire por efecto chimenea.
Prever espacios semiexteriores umbríos y bien ventilados, donde desarrollar la vida durante el verano.
Cuando el calor sea excesivo, la evaporación del agua de fuentes, estanques o piscinas situadas en el trayecto de los vientos predominantes ayuda a rebajar la temperatura del aire incidente.
La vegetación debería proteger el edificio de los vientos fríos predominantes y permitir la ventilación natural durante el verano. En Mallorca el viento frío predominante es de componente norte, llamado tramuntana, mientras que los vientos de verano tienen lugar durante las horas calurosas del mediodía y soplan perpendicularmente a la costa.
Las cubiertas ajardinadas ayudan a mantener fresco el edificio, al evaporar agua en la parte más soleada durante el verano.